lunes, mayo 18, 2009

El sistema financiero argentino es glotón…

Estuve viendo noticias que hablan de un nuevo plan del gobierno nacional para promover la construcción de la primera casa y la renovación de las habitaciones existentes. Según los medios, hablan de tasas de interés que oscilan entre un 14% y un 20 % anual con planes que proponen tasas fijas por 10 o 20 años.
Mi primera reacción fue de sorpresa ya que los niveles de las tasas de interés me parecieron exorbitantes comparados con los que estoy acostumbrado a ver aquí, en Canadá, sobretodo desde que la crisis económica se instaló fuerte en nuestras vidas.
Entonces empecé a buscar información sobre el funcionamiento del crédito en Argentina para compararlo con lo que tenemos aquí, en el norte.
Sin ser un experto en economía, puedo entender que la tasa de interés representa, ya sea la ganancia que me tocará cuando haga un plazo fijo o lo que me costará pedir dinero prestado.
Del otro lado, para la institución, representa lo que le costará disponer de mi dinero para funcionar o bien el beneficio que retirará siendo ella la que presta.
Si el nivel de las tasas de interés estuviera fijado solo por estas variables sería muy fácil entender cómo funciona.
- Si los bancos necesitan dinero para funcionar aumentarán las tasas sobre los plazos fijos para atraer a los ahorristas.
- Si la gente no consume porque está deprimida, los bancos bajarán las tasas de interés sobre los préstamos para poder sacar el excedente de efectivo.
Pero hay otros jugadores en este partido y ellos pueden ser determinantes en algunas situaciones.
Aquí, en Canadá (como en muchos otros países), el banco central fija la tasa de base, o sea el costo del dinero que el gobierno presta para el funcionamiento de los bancos (dicho simplemente).
La mayoría de los bancos y las tasas de interés de esos bancos son determinadas un poco por encima que esa tasa de base, salvo en situaciones particulares.
En este momento, en la mayoría de los países centrales, las tasas de base están entre 0% y 2%, o sea, las más bajas de los últimos 50 o 60 años.
La razón es fácil de entender, la crisis actual sumergió a todo el mundo en una depresión profunda, no solamente económica, y los gobiernos quieren motivar a los consumidores a endeudarse a bajo costo para permitir el consumo y el renacimiento del sistema.
Hace tres años renové una hipoteca sobre una parte del valor de mi casa para hacer algunas renovaciones y opté por una tasa variable, o sea que evoluciona según las variaciones del mercado. Cuando firmé, la tasa de interés por un plazo de cinco años estaba en 5,20%, en este momento estoy pagando 1,50%.
Debo aclarar que aunque parezca fácil decirlo ahora, en el momento de la transacción, el consejero financiero del banco me propuso una tasa fija de 5,20% por los cinco años porque era una buena opción, pero me opuse diciéndole que el sistema iba a entrar en crisis pronto y que las tasas bajarían (fue más bien una bravuconada que una certeza). Tuve que esperar dos años para que mi “profecía” se cumpliera pero al final se me dio.
Si el gobierno canadiense viera signos de recalentamiento de la economía porque los consumidores retoman confianza y se meten a gastar, las tasas de interés aumentarán porque es una herramienta para evitar la inflación.
A partir de estas observaciones, trato de entender qué pasa en Argentina. Si las tasas de interés son tan altas, mucho más altas que en los países centrales, puede ser porque el gobierno trata de controlar el consumo y de esa manera la inflación; o porque los bancos se protegen contra la devaluación de la moneda prestada (devaluación provocada por la inflación actual); o porque el margen de ganancia de las instituciones de crédito es usurero; o por las tres razones juntas.
Hasta allí podría entender que el gobierno preste con tasas entre 14% y 20%, pero lo que me da trabajo entender es que los créditos personales tengan tasas de más de 30% y que llegan a 40% o más (depende de los bancos) cuando se le agregan los gastos fijos. Sobre todo si tenemos en cuenta que las tasas de plazos fijos no pasan de 10% y que cuando se le agregan los gastos fijos y el IVA caen por debajo de 7%.
O sea que el margen entre el costo del dinero para los bancos (muy bajo) y el costo del dinero para los consumidores (muy alto) es enorme y los únicos beneficiados con ese desnivel son los bancos y las tarjetas de crédito.
Un préstamo personal para comprar un auto, aquí en Canadá, varía entre 0% y 3% anual y, en comparación, los plazos fijos pagan entre el 1% y el 2%, o sea que la distancia entre lo que le cuesta al banco y lo que me cuesta a mi, es muy pequeña.
Barack Obama acaba de hacer conocer su intención de controlar el precio del crédito, o sea organizar la industria financiera para proteger a los consumidores de los abusos que se permiten las tarjetas de crédito y los bancos en general.
Es cierto que la inflación sigue siendo un cáncer terrible en las economías de los países emergentes, pero no creo que deba ser utilizado como excusa por los bancos para robar descaradamente el ahorro de los trabajadores.
Controlar, desde el estado, las herramientas financieras que permitan disciplinar al capital para ponerlo a disposición del ciudadano a un costo razonable, no solamente daría un empuje considerable al desarrollo de la industria nacional sino que además permitiría realizar algo que pretendía el General Perón “humanizar el capital”.

1 comentario:

  1. Deberia escribir un articulo sobre Monsanto. De seguro cambiara la vision de todas las personas que caeran sobre su blog!

    A.T.

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